El compromiso del país en la protección de la capa de ozono

El deterioro de la capa de ozono y el cambio climático son problemas globales sobre los cuales debemos actuar todos en protección del planeta. La Unidad Ozono desarrolla diversos proyectos para dar cumplimiento al Protocolo de Montreal que hace frente a esta problemática. Entrevista a Claudia Paratori, Coordinadora de la Unidad Ozono del Ministerio del Medio Ambiente.

El Protocolo de Montreal fue firmado por diferentes países del mundo en el año 1987 como una medida global para hacer frente a la problemática del deterioro de la capa de ozono. A través de una serie de normas que regulan el uso de sustancias agotadoras de la capa de ozono, conocidas como SAO, el Protocolo es uno de los tratados más ampliamente ratificados en la historia de Naciones Unidas y es responsable, conjuntamente con el Convenio de Viena, de más del 97% de reducción en el consumo de SAO. La Unidad Ozono del Ministerio del Medio Ambiente es el punto focal del Protocolo de Montreal en el país.

“Con el financiamiento del Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal —y el apoyo de agencias implementadoras como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) y ONU Ambiente— la Unidad Ozono desarrolla diversos proyectos para dar cumplimiento al Protocolo”, señala Claudia Paratori, Coordinadora de la Unidad Ozono.

¿Cuáles han sido los principales proyectos que ha desarrollado la Unidad Ozono?

Del último tiempo, destaca el proyecto de conversión a la tecnología de refrigeración con CO2 transcrítico en tres supermercados del país, a quienes cofinanciamos para que pudieran instalar esta tecnología en sus sistemas de refrigeración. Lo mejor de ello, es que estos supermercados, como parte de su política ambiental, también están convirtiendo sus nuevos locales y remodelaciones, ya que se trata de un sistema que no afecta la capa de ozono y que tiene un mínimo efecto sobre el cambio climático. De hecho, el supermercado Jumbo, por iniciativa propia, ya instaló su local de La Serena con esta alternativa.

También cofinanciamos la instalación del sistema de certificación de competencias laborales para técnicos en refrigeración en el Centro Frío Calor de la Cámara Chilena de Refrigeración y Climatización; y gracias al financiamiento del Ministerio del Medio Ambiente pudimos crear dos normas técnicas con el Instituto Nacional de Normalización (INN) sobre buenas prácticas en el sector.

Otro proyecto emblemático es el Centro Piloto de Regeneración de gases refrigerantes, Regener Chile, cuyo objetivo es incentivar el reciclaje de refrigerantes, como una forma de responder a las necesidades locales de estos gases ante las próximas restricciones de hidroclorofluorocarbonos (HCFC) que impone el Protocolo de Montreal para los años 2020, 2021 y 2025.

Chile fue el séptimo país del mundo en ratificar la Enmienda de Kigali del Protocolo de Montreal y el primero de América. La Enmienda tiene 30 ratificaciones y entra en vigencia el 1 de enero del año 2019, ¿qué significa esto para el país?

Por un lado, esta Enmienda introduce un calendario de reducción del consumo (importaciones) de hidrofluorocarbonos (HFC), sustancias que si bien no dañan la capa de ozono, tienen un alto impacto en el cambio climático. El calendario se inicia con un registro de importadores y exportadores a partir del 1 de enero de 2019, luego haremos una línea base del 2020 al 2022, para que finalmente el país comience las reducciones en el año 2024. En este contexto, el año pasado junto a la Dirección de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la Universidad Católica (DICTUC), pudimos identificar los HFC que ingresan al país y los usos a los cuales están destinados. Con esta base, Chile pudo ratificar la Enmienda.

Por otro lado, todos tenemos una responsabilidad ambiental que va más allá del ámbito de acción del Ministerio del Medio Ambiente. El problema de la capa de ozono y del cambio climático son problemas globales sobre los cuales debemos actuar todos en protección del planeta. Con esto, Chile asume su vulnerabilidad ante el daño en la capa de ozono, por lo que es importante mostrar el compromiso país con el cumplimiento del Protocolo de Montreal, la Enmienda de Kigali y el Acuerdo de París.

 

¿Qué actividades tiene planificadas la Unidad Ozono para este año?

Entre otras actividades, este año iniciamos con los proyectos de conversión del sector espumas, para eliminar el uso de HCFC-141b en las espumas rígidas de poliuretano, utilizadas para aislamiento térmico. Estamos cofinanciando la conversión de 43 empresas. Con estos proyectos eliminaremos el uso de HCFC-141b en espumas en el país y podremos cumplir las metas del 2020 y 2021.

En el área de la refrigeración, con el apoyo de ONUDI, este año actualizaremos los cursos de capacitación para ir creando capacidades en los técnicos. Como siempre, estos cursos serán gratuitos y entregaremos el material del curso. En esta línea, continuaremos con los seminarios técnicos junto a INACAP, nuestro gran aliado en los cursos de capacitación y en las conferencias técnicas para el sector de refrigeración y climatización. Asimismo, iniciaremos la identificación de tecnologías alternativas, para hacer a lo menos una conversión demostrativa de cámaras frigoríficas y una de sistemas de aire acondicionado, entre el año 2019 y 2020.

Y para fortalecer la regeneración de refrigerantes e incentivar su uso, este año haremos la evaluación técnico-económica para implementar tres centros en regiones, en las zonas norte, centro y sur, durante el 2019 y 2020.

¿Cuáles son los desafíos del país en la protección de la capa de ozono?

Chile tiene grandes desafíos, que van desde cumplir las próximas metas de reducción de HCFC para los años 2020, 2021 y 2022, junto con prohibir el uso de HCFC-141b a partir del 2020, hasta iniciar la implementación de la Enmienda de Kigali para empezar a reducir los HFC. Esto requiere de compromisos fuertes y a largo plazo, del sector público y privado, para implementar alternativas que no deterioren la capa de ozono ni afecten el clima, y tecnologías que consideren una mejora en la eficiencia energética.

Por nuestra parte, debemos dar un giro hacia una “Unidad Ozono 2.0”, donde incorporemos nuevas formas de control para los HFC, sus usos y usuarios, así como las nuevas tecnologías. Son grandes desafíos y estamos preparándonos para ello.

Publicado en campana-ozono.