Laudato Si: un llamado a la acción

HEMOS CONOCIDO la encíclica del Papa Francisco sobre Medio Ambiente y Cambio Climático. Y en “Laudato Si” (Alabado Sea), el Pontífice nos hace un llamado potente: debemos cambiar nuestros hábitos para salvar el planeta.

Lo hace en un momento clave: en los próximos meses las naciones del mundo -grandes y pequeñas, ricas y pobres- iniciaremos negociaciones para un nuevo pacto global frente al cambio climático, que debieran concluir en diciembre en París con un compromiso vinculante de las partes para reducir emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Participaremos activamente de esta discusión, y tenemos motivos fundados. Aunque Chile emite el 0,3% de las emisiones de GEI a nivel global, es vulnerable a los efectos del cambio climático, y así lo vemos en la intensidad de los últimos eventos climáticos.

¿Por qué destaco esto? Porque actuar en esta materia es relevante, ya que como señala el Papa en su encíclica, hay una íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta. La degradación ambiental y el cambio climático afectan con mayor intensidad a los sectores más vulnerables, y profundizan las desigualdades sociales. Por eso urge contrarrestar sus efectos.

Concuerdo también cuando señala que las conductas actuales de la sociedad permiten la degradación continua del medioambiente. Estoy convencido de que debemos cambiar nuestros patrones de consumo y pasar de una cultura de lo desechable a una cultura de lo reciclable. Reparar, reutilizar, son conceptos que debemos recuperar.

Hay consenso en que si no avanzamos hacia patrones de consumo y producción más sustentables, el planeta sufrirá procesos que podrían poner en riesgo algunos sistemas de vida en la Tierra. En un escenario de sobreexplotación de recursos, de creciente pérdida de biodiversidad, del impacto de la contaminación y del cambio climático, es necesario avanzar hacia un crecimiento verde.

No es un camino fácil. No con poca frecuencia escuchamos que la preocupación por los temas ambientales es un obstáculo al crecimiento, principalmente de países menos desarrollados, pero también para las grandes economías.

Nos parece una mirada equivocada. El crecimiento económico con protección ambiental tiene como eje una mayor eficiencia de procesos industriales y del uso de materias primas. Significa ahorrar energía, ecosistemas más sanos que atenúan los desastres naturales, y una mejor calidad de vida.

Como gobierno estamos trabajando en esto: hoy tenemos 17 normas de calidad ambiental y 45 normas de emisión, estamos enfrentando la contaminación en las ciudades, creamos planes de adaptación al cambio climático e impulsamos leyes de reciclaje y de protección de la biodiversidad.

Un rol activo del Estado en promover la equidad ambiental es un compromiso social, porque creemos que los costos del desarrollo no pueden caer sobre los sectores más vulnerables. El crecimiento verde es también un imperativo económico.

Tenemos que entender -Estado, empresas y ciudadanos- que la garantía de nuestro desarrollo está en asegurar la sustentabilidad de nuestros ecosistemas. Sólo así podremos evitar la sentencia del Papa Francisco: que nuestra Tierra termine por convertirse en “un inmenso depósito de porquería”.

Publicado en La Tercera 

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